Monemvasía es una de las gratas sorpresas que cualquier viajero puede encontrar en su ruta. Yo la incluí en un extenso recorrido que hicimos por las cuatro penínsulas del Peloponeso, en Grecia. Comenzamos recorriendo la península de Mesenia, seguimos por la de Mani y continuamoa por Lakonia; donde paramos dos días en Monemvasía.

La siguiente; la península de Argólida, la dejamos para el final de nuestro periplo griego.. El Peñón de Monemvasía se encuentra en el sur de la península de Lakonia, y está unido por un puente artificial al continente en Géfira.. Ya anochecía, y tras recorrer los 200m del estrecho camino hasta el peñón, llegué a una hendidura en forma de L que da acceso a una ciudad escondida bajo el peñón y que es invisible desde Gefira..

Yo buscaba un alojamiento que tenía reservado y al salir del túnel; sentí de repente, la sensación de haber sufrido un viaje en el tiempo a la época medieval.. Ante mí, se cruzaban callejuelas-debílmente iluminadas- que me recordaban una especie de Belén y yo, como una especie de extraño, deambulaba por estrechas calles empedradas en busca de alguien que me pudiera ayudar.. Llegué hasta una pequeña plaza sorprendido por este lugar tan peculiar y junto a un brocal de un pozo, había dos señores mayores a los cuales me dirigí..Les mostré el nombre de mi alojamiento y uno de los señores gritó algo..En unos minutos, apareció un joven que me llevó hasta un pequeño patio donde se encontraba mi alojamiento..

El peñón de Monemvasía (Μονεμβασία) o Malvasía, se comienza a colonizar en el S. VI por los habitantes de Lakonia, que huían de las invasiones de los pueblos eslavos que amenazaban a los griegos. Por el estratégico peñón, han pasado Bizantinos; que la fortificaron, normandos, franceses, catalanes, y turcos… Tras la guerra de independencia de Grecia en 1715 deja de pertenecer a los turcos y pasa a integrarse a Grecia.. En su época de esplendor; el Peñón, llegó a tener más de 50.000. Habitantes. Era un lugar de paso en la ruta de los barcos que iban de Itália hasta el mar Negro..

Tras la apertura del Canal de Corinto en 1893, perdió su hegemonía e importancia y cayó en decadencia y olvido. Pasaron más de 150 años de silencio, hasta que el turismo la descubrió de nuevo..
Ya instalados, nos perdimos por las callejuelas y paseamos por las pequeñas plazas del centro. Nos sentamos en una Taberna (ταβέρνα) bajo una gran buganvilla a observar a varios hombres que sentados en una mesa saboreaban unos vasos de Ouzo, una bebida anisada típica del país.. Tras cenar una ensalada y una especie de pastel de berenjena en un agradable restaurante, me fui a recorrer el pueblo sin rumbo, ahora que la noche, había silenciado toda la ruidosa jornada..

Era un placer disfrutar de la ciudad en silencio. Sólo algunos gatos; con sus movimientos furtivos y esquivos, alteraban la atmósfera de misterio que rodeaban mis pasos. Bajé por retorcidas escaleras que se perdían por arcadas de piedra y por rincones imposibles que serpenteaban hasta desembocar en el mar; donde unas recias murallas protegían a la ciudad.. El poderoso ruido del mar, hizo que un intenso escalofrío recorriera mi cuerpo..

Había sido un día de múltiples sensaciones. Bajo el silencio de la noche y con pensamientos muy dispersos por el cansancio, volví sobre mis pasos y me retiré a descansar..
El día siguiente lo dedicamos a visitar la ciudad con tranquilidad. Las calles no tenían el embrujo nocturno, pero ofrecía un aspecto muy alegre y variado. Algunas tiendas; con mucho encanto, te invitaban a entrar para curiosear sus variadas mercancías, sus atractivas fotos e innumerables recuerdos del lugar.

Caminamos por la zona baja fortificada hasta la plaza principal o Dzamió.

La plaza se abre hacia el mar y tiene en el centro un brocal de pozo y una especie de cisterna. (

En una de sus esquinas se encuentra la antigua mezquita, que conserva una pequeña colección de objetos arqueológicos encontrados en la ciudad y la iglesia de Elkomenos Christos (Cristo encadenado), del S. XII, con una bella portada veneciana del S. XVI.

En su interior conserva una colección de valiosos Iconos.

Llegamos hasta el Portillo, el antiguo acceso a los accidentados campos de cultivo; donde desde épocas napolitanas, se cultivaba la uva malvasía para elaborar un codiciado vino blanco dulce de alta graduación..

Dirigí mi vista hacia la cumbre del peñón y me propuse subir para obtener otra visión desde las alturas desde tan aventajado mirador..

Unas interminables escaleras en zigzag, arañaban la montaña.

Cada peldaño ofrece una panorámica espectacular de la ciudad.Se podía distinguir como las murallas, abrazaban las casas para defenderlas de los posibles ataques por el mar

En unos 20 minutos, llegué hasta la extensa meseta que corona el pueblo..

Me llamó la atención la extensión de esta llanura que domina el inmenso mar Egeo y la curiosa perspectiva de la ciudad baja.

Anduve entre matorrales y sobre restos de antiguos aljibes y por las ruinas de la antigua ciudad alta hasta llegar a la iglesia de Agia Sofia..

.La iglesia está situada en el mismo borde del acantilado.

La iglesia, bizantina del S. XII, está considerada la más antigua de Grecia. Es de planta cuadrangular con una logia veneciana en la entrada. Su interior, está ricamente decorado con pinturas murales del S. XIII. y bellos capiteles de mármol que soportan una magnífica cúpula..

Tras visitar la iglesia; entre matorrales, restos de viviendas y piedras, llegué hasta la parte más alta del peñón, allí me senté a contemplar el impresionante espectáculo que tenía ante mis ojos..¡Alucinante!..

El mar; de un azul intenso, brillaba bajo el poderoso sol y miles de reflejos hacían imposible mantener la mirada por la superficie del agua..

Me entretuve charlando con unos viajeros españoles que era la primera vez que visitaban Grecia. Estaban asombrados; pues venía de recorrer la península de Mani con un recorrido muy parecido al que realizamos nosotros..

Coincidimos en haber visitado las cuevas de Diros, en unas barquitas que se pierden por entre finas estalagmitas que se reflejan en un agua apacible y transparente. En Gerolimenas; bello pueblo con una cala de guijarros, también se habían bañado..

Y tras visitar el bosque de torres que conserva Vathia, llegaron andando hasta el cabo de Tenaro o Matapan.

El Punto más meridional de Europa.. ¡Junto con Cádiz!..Increible.. Me contaron anécdotas de la península de Mani ; que según la mitología griega, afirma que era la entrada al Inframundo o el reino del dios Hades.. Y hablamos de los Maniots; guerreros feroces descendientes de los Dorios, que construyeron las torres de Vathia para defenderse de los ataques de los Otómanos; que nunca llegaron a dominarlos.. Tras una animada charla nos despedimos y comencé mi regreso a la ciudad baja.. Al día siguiente muy temprano, cruzamos el pequeño istmo que separa el peñón del continente..En mitad del recorrido, paré durante unos minutos a contemplar la mole de piedra; imponente, que escondía una ciudad tan peculiar y fascinante..Sólo por pisar estos parajes; tan ocultos, olvidados y maravillosos, merece la pena viajar..




