El último día de nuestra estancia en Santorini la dedicamos a recorrer la zona opuesta a la caldera. La fisonomía de esta parte de la isla es totalmente diferente a la que se asoma al volcán, con sus vertiginosos acantilados que se precipitan sobre el mar. Aquí la costa es de guijarros o de arena muy gruesa y casi negra. Me informé por mi guía y me llamó la atención la cantidad de playas que dispone la isla. Decidimos ir a la playa de Perissa; playa muy popular entre la gente joven y mochileros. La playa está dotada de numerosos clubs, restaurantes y cómodas hamacas para contemplar el mar. Iniciamos un largo paseo..

Al mediodía, cogimos el autobús que te acerca hasta Oia.. El trayecto es un continuo sortear de bicicletas, motos, quads, coches y gente que circula por todos lados.. Estamos en julio, y la isla se encuentra invadida por los turistas.. Es normal..

Oia es quizás la ciudad más pintoresca de la isla, está situada al noroeste a 460 m sobre el mar, en una posición que te permite dominar todo el arco que forma Santorini

Nos dedicamos a pasear por sus blancas callejas y por rincones deliciosos que terminan siempre sobre un mar azul intenso.

Andar por sus calles, es un ejercicio de imaginación, No existe la lógica entre dos puntos. Para llegar a otro lugar distante 100m, hay que pasar pequeños túneles, caminos angostos, curiosas escaleras e imaginar posibles salidas que te conduzcan; por fin, al sitio deseado..

Destacan sobre las casas los bellos campanarios azules que han hecho que esta ciudad sea uno de los enclaves más fotografiados de Grecia..

Antes del atardecer, nos dirigimos hacia el castillo o Kastro, testimonio de la ocupación veneciana. Teníamos que buscar un sitio para ver; según mi guía, el crepúsculo más bonito de Europa..

Y no lo dudo, observando la cantidad de personas que buscaban un sitio estratégico por la zona de los molinos.. Nos acomodamos entre una creciente multitud a esperar tan esperado momento y me puse a contemplar a tan variado gentío..

Llegado el momento, el sol con una gran intensidad de colores fue descendiendo hasta rozar suavemente la superficie del mar..

Poco a poco fue desapareciendo

De forma graduada la luz fue disminuyendo su intensidad creando una atmósfera mágica alrededor de la caldera..

Sin pensarlo, empecé a aplaudir y en unos segundos, cientos de personas se contagiaron de mi iniciativa y comenzaron a levantar las manos y a cantar, dando la bienvenida al comienzo de la incipiente noche..

¡Un momento inolvidable!..

Paseamos un buen rato por las callejuelas de Oia.

El regreso de Oia a Thira fue una caravana continua..

Una muchedumbre; de jóvenes principalmente, alborotaba por las calles ajenos al intenso tráfico que provocaban y muchos de ellos; agarrados por los hombros, cantaban canciones griegas y bailaban sin parar..

Buen final para despedirnos de Santorini..Una isla especial y única..

Al día siguiente, volvimos al Pireo; con el mar algo revuelto y por la noche, terminamos por Plaka..




