Dediqué este último día a recorrer los dos barrios que me quedaban por visitar : Castello y San Marcos. El primero, es un “sestieri “ amplio y de contrastes, tiene zonas muy visitadas y otras donde los autóctonos trabajan ajenos a la “vorágine” de la ciudad..

El barrio tiene su origen en el S. XIII, debido a su poderoso Arsenal; que en su época de mayor esplendor fue el mayor base naval del continente, con fábricas de armas y potentes astilleros que se encargaron de mantener el poderío naval de la Serenísima República de Venezia.

Hoy día, sirve como centro de interpretación y de exposición de la Bienal de Venezia..
Tras una rápida visita al Arsenal, mis pasos me llevaron hasta la esbelta Basílica Gótica de S. Juan y S. Pablo, la Iglesia más grande de Venezia. Tumba de innumerables dominicos; que descansan, en bellos y elaborados monumentos Funerarios.

Me llamó la atención el altar llamado el Políptico de Giovanni Bellini, dedicado a San Vicente Ferrer.. El altar dividido en nueve partes, presenta escenas de la vida del santo y de otros como S. Sebastián o San Cristóbal..
Ya en la plaza me llamó la atención la espléndida estatua ecuestre del Comandante Bartolomeo Colleoni, obra de Verrocchio, considerada junto al Gattamelata de Donatello como las mejores estatuas ecuestres del Renacimiento.

El Condottiero Colleoni era un mercenario que dirigió el ejército Veneciano. Las ciudades como Venezia, Milán o Rímini, no tenían ejército propio, y las autoridades recurrían a estos “Condottieros” para dirigir los ejércitos no profesionales para resolver los conflictos. En Milán destacó Franchesco Sforza; en Rímini, Malatesta…

Junto a la escuela de San Marco, me entretuve charlando con un joven veneciano que me aconsejó que visitara la librería Acqua Alta en Campiello del Tintor..

Es una librería diferente; añadió sonriendo.. Cuando en otoño llegan las “Aguas Altas”, se inundan muchas calles y comercios, y esta librería, es uno de ellas..¡Visítala!.. Arrivederci!!.7

Seguí las instrucciones de este curioso personaje y serpenteando entre calles y canales me acerqué hasta la curiosa librería..Al entrar, quedé asombrado y desconcertado.

Era una visión intensa, inesperada. Miles de libros se distribuían entre enormes góndolas, barcos, bañeras, cubos, sillas..etc..

En las paredes enormes estanterías atestadas de libros se mezclaban con cuadros, escudos y mil curiosidades muy difíciles de asimilar..

Al fondo, una gran abertura, daba directamente al canal.

Durante un largo rato, me senté en una silla estratégicamente situada en la gran puerta para ver pasar; de vez en cuando, alguna góndola deslizándose muy lentamente por el canal..¡Relajación en estado puro!…Esto es Venezia..¡¡Impresionante!!..

Dejé para mi último recorrido por los Sestieris de Venezia el barrio de San Marco . Pequeño, pero que guarda alguno de los monumentos y zonas más representativos como la Basílica de San Marcos o la isla de San Giorgio Maggiore, frente a la ciudad.

Me situé en el centro de la Piazza de San Marco; la única plaza llamada así en Venezia, pues el resto de las plazas la llaman “Campo”..

Estuve un largo rato observando la Basílica, el campanile, La torre del reloj..

Y sobre todo, las “mareas” de gente que deambulaban en todas las direcciones..

Mi vista se elevó hasta el impresionante Campanile exento o apartado de la majestuosa catedral.

Durante el S. XVII lo utilizó para demostrar sus experimentos el sabio y polivalente Pisano Galileo..Y durante la República de Venezia, sus campanas, cada una tuvo una misión. La más importante; la Marangona, además de ser la más grande, era la encargada de tocar al comenzar y finalizar la jornada laboral. La campana Maléfica; la más pequeña, anunciaba las condenas a muerte..

La Nona sonaba a las nueve, la Trottiera se encargaba de llamar a los miembros del Consejo y la Mezza Terra, se utilizaba los días de apertura del Senado..

El 14 de Julio de 1902, al fallar la cimentación del Campanile, la torre se desplomó..El suceso tuvo una enorme repercusión mundial y en diez años se volvió a construir uno igual al original, pero con materiales más seguros..

Hice una rápida visita a la Basílica y rodeé el Palacio Ducal para fotografiar el famoso y saturado Puente de los Suspiros.

Fue el poeta Lord Byron; ya en el S. XIX, tras visitar el palacio Ducal, a quien se le ocurrió la idea de llamar con ese nombre al puente, que comunicaba dicho palacio con las prisiones..

Tras un paseo por estrechas calles y pequeños puentes, conseguí llegar al palacio Contarini del Bovolo; bello palacio del S. XV, para admirar la impresionante escalera de caracol. Sus arcos y columnas se elevan sobre un eje helicoidal hasta culminar en una cúpula; bajo la cual, se forma un precioso balcón circular

Desde este pequeño mirador, se observa una panorámica curiosa de Venezia..Continué mi paseo y crucé el río dei Barcaroli, me acerqué hasta el famoso teatro de La Fenice, que se encontraba cerrado

El teatro; erigido en el S. XVIII, ha sufrido dos importantes incendios en 1836 y en 1996.. “Y se levantó sobre sus cenizas..Como el Ave Fenix”..

Según mi plano, me encontraba cerca del puente de la Academia, uno de mis “balcones” favoritos sobre el Gran Canal. Llegué hasta el Campo Santo Stefano y me acerqué hasta la parte trasera de la iglesia del mismo nombre. Allí, me acerqué hasta un pequeño grupo de viajeros que escuchaban las explicaciones de un curioso guía.
Este comentaba que la iglesia había sido testigo de varios crímenes y episodios violentos; por lo que la iglesia, había sido consagrada seis veces..También explicó; que la iglesia de Santo Stefano, tiene su ábside sobre un puente sobre un río navegable..¡El único en venezia!..

Algo cansado, decidí volver hacia la plaza de San Marcos. Me acerqué hasta la laguna ante unas góndolas que se mecían con el oleaje del mar.

Me senté en el café Florian, el más antiguo de Venezia y en servicio desde 1720..

Dejé sobre la mesa mi guía y mis anotaciones para saborear con tranquilidad un delicioso “Capuccino” con abundante espuma de leche.

.Las luces de la plaza ya estaban encendidas y daban a la plaza un cierto aire de tranquilidad. Todo el bullicio matutino se había difuminado y la plaza ofrecía su mejor fisonomía.

A las diez en punto, el reloj de la torre marcó las horas..Durante unos segundos, rompió la monotonía e hizo que volviera la mirada hacia la torre.. Recuerdo la primera vez que estuve en Venezia; hace muchos años, y subí a esta torre dell’orologio. Al terminar las siete campanadas, muchas personas miraban hacia las dos estatuas que giraban sobre su base para golpear la campana

Yo sin dudarlo dos veces, agarré con todas mis fuerzas la base de una de las esculturas y haciendo un esfuerzo importante, conseguí que diera otra campanada..La gente extrañada, volvió a mirar hacia la torre mientras yo me escabullía por las escaleras.. Puedo decir; que una vez…Hace muchos años, la estatua de la torre del reloj de la Plaza de San Marcos se equivocó al dar las campanadas..Con una sonrisa, recordé tan buen recuerdo..

Nos acercamos hasta el mar..Pasamos el Puente de los Suspiros y transitamos por la Vía Schiavoni hasta el “Monumento”; como llaman loe venecianos a la majestuosa figura ecuestre de Vittorio Emanuele II.
.Me apoyé sobre la baranda del monumento para contemplar un bellísimo atardecer veneciano..¡Imperesionante!(Foto 30)Volvimos hacia la piazzeta S. Marcos cuando el flujo de turistas empieza a decaer..Aún quedamos aquellos que no querríamos abandonar la ciudad..

En la plaza varias terrazas soportan a los últimos viajeros que quieren detener el tiempo e inmortalizar el momento..¡Brutal!..



