Llegué a Marvao poco antes del atardecer. Una niebla intensa y húmeda envolvía la ciudad en silencio. Sus calles; muy solitarias, desprendían una sensación de apacible tranquilidad e inquietante misterio..

Hoy; desde lejos, es imposible imaginar la bella silueta de la ciudad rodeada de murallas con un esbelto castillo emergiendo desde la cumbre de la sierra de Sao Mamede.

Marvao fue fundada por el caudillo árabe Marván en el año 770 y ha sabido conservar su sabor medieval desde su posición en la calzada romana que unía Cáceres con Santarém.

Su sobrio Castillo; ha sido testigo desde el siglo XIII, de las luchas territoriales con su vecina Extremadura; situada a sólo 20 km de distancia.

El Castillo ha protegido a sus ciudadanos de disputas y gestas por el dominio del territorio..

En su interior, conserva una impresionante cisterna para acumular el agua, construida por los árabes que fueron los dueños del castillo hasta el Siglo XII, cuando los invasores fueron dominados en 1160 por Alfonso Enrique..Su pequeño y bello jardín, hoy parecía dormido y sus plantas están rodeadas de un halo de niebla que mitigaban su color..

Al día siguiente hacía un día espectacular, entré por la muralla hasta la plaza del “Pelourinho” o picota. Pequeña plaza dominada por la torre del reloj y rodeada de casas muy blancas.. Imaginé el trasiego de la plaza hace muchos años; con algún que otro desgraciado reo, atado a la picota y vejado por los vecinos sin piedad..

Continué calle arriba hasta la iglesia de Santa María; gótica del Siglo XIII y de una construcción muy sencilla. Hoy día, está desacralizada y alberga el Museo Municipal, con importantes restos megalíticos, utensilios romanos, epigrafía y arte sacro..
A partir de aquí, se alcanza la parte más alta del pueblo, a los pies del castillo. Destaca la iglesia de Santiago del Siglo XV, junto a los cuidados jardines que anteceden al castillo.

Pasé hacia el interior del castillo y bajé los escalones para visitar la enorme Cisterna..En otros tiempos, servía para suministrar agua a la población cuando sufrían un asedio.. Pasado un puente levadizo de madera, se entra en la Torre del Homenaje.

Desde lo alto se obtiene una panorámica extensa de los alrededores y sobre el patio enlosado que aparece bajo nuestros pies.. Al salir, me sorprendió ver el suelo de los alrededores del castillo cubiertos con enormes telas blancas y sujetadas con piedras.

Daban un aspecto extraño y a la vez curioso y atrevido. Me vino a la memoria las impresionantes obras del artista Búlgaro del Land Art Christo Vladimirov que envolvía con tela edificios significativos creados por el hombre, como el Reichstag de Berlín o un archipiélago de 11 islas en Miami que rodeó de telas de color rosa..

Poco antes del atardecer, seguí para Castelo de Vide, situada en el Parque Natural Sierra São Mamede en el Alto Alentejo. El origen de su nombre; cuenta la leyenda popular, se debe a una gran vid que se encontraba en la ciudad en la época medieval..Al día siguiente, empezé el recorrido en la plaza de Pedro V, en la parte más moderna de la villa y más extensa. Destaca la Iglesia de Santa María de la Dehesa y el curioso edificio de la Cámara Municipal.

Para llegar al castillo hay que atravesar el llamado Barrio Gótico, de bellas casa encaladas con arcos en sus puertas y plantas y macetones por todas las calles.

Las más curiosas eran las vías María de Cima y María de Baixo; muy estrechas y empredradas, con bellos rincones para parar y observar el entorno.. La famosa Judería de Castelo, tiene su origen en el siglo XII y tras la expulsión de los Judíos de España en el Siglo XV aumentó considerablemente su población..

La antigua Sinagoga conserva sus puertas de estructura Gótica Ojival y en su umbral de piedra, podemos ver la pequeña hendidura o Mezuzot, donde los devotos Judíos introducían los pergaminos con el nombre de Dios..

Ya en el límite de la Judería, se encuentra la placita que alberga la Fonte da Vila (Fuente de la Villa) del Siglo XVI.

La fuente está construida en mármol blanco con un voladizo o Alpendre de forma piramidal, sostenido por seis columnas. En cada una de las cuatro caras de la fuente se encuentran esculpidas las armas del municipio y de Portugal..

Merece la pena sentarse un buen rato en los escalones para escuchar el relajante sonido del agua; que por cierto, es agua mineral..

El próximo destino era Evoramonte. Esta aldea del Alentejo, está situada en lo alto de un cerro con la silueta imponente de su castillo y rodeado de murallas que fueron construidas en el Siglo XIV..

Entré por una de las puertas de la villa y me extrañó no ver a nadie por sus contadas calles..Un silencio total embargaba cada rincón del pueblo y un aire de misterio flotaba por el ambiente.

Dentro del castillo cogí de una pequeña mesa un papel informativo que indicaba que el castillo fue construido en el Siglo XII en estilo Gótico y reformado más tarde en estilo Manuelino.. Llama la atención su poderosa torre de homenaje y unos enormes lazos que parecen envolver el monumento.

En el interior destaca la sala principal de robustos pilares, que soportan con sus nervaduras las pesadas bóvedas.. Desde lo más alto del castillo, se divisa una panorámica de los alrededores y de las pequeñas casas que se agolpan cerca del castillo..

Salí de la aldea tal como llegué.. Sin cruzarme con nadie.. Tras caminar un rato, volví la mirada hacia la silueta del castillo. Fijé la mirada sobre una de las almenas superiores y me pareció ver a alguien que saludaba moviendo los brazos..

Una nube cargada de agua se situó sobre la aldea y oscureció la mole del castillo.. Aligeré el paso hasta un cercano cobertizo y miré hacia el castillo.. Unas nubes bajas lo ocultaban y sólo dejaban entrever algunas de sus almenas más elevadas..



